“El jefe infiltrado” se mete en la bodega Matarromera, de la Ribera del Duero

La Ribera del Duero en los medios

El programa de TV “El jefe infiltrado” se mete en la bodega Matarromera, de la Ribera del Duero. Así lo cuenta EL NORTE DE CASTILLA:

Aparentar ser un estresado hombre de ciudad que quiere empezar una nueva vida en el campo con el fin de comprobar cómo se trabaja verdaderamente en su grupo bodeguero era el objetivo de Julio Pinto, el director de operaciones del grupo bodeguero Matarromera, en ‘El jefe infiltrado’. Para ello, se sumergió en plena vendimia en los trabajos más variados, duros y arriesgados: desde la recogida de la uva, el transporte, la prensa, el embotellado… para comprobar si se están siguiendo los procedimientos que marca. Para ello se convirtió en Álvaro Castillo, un estresado bróker urbanita, rubio platino.

En su primera jornada ‘el jefe infiltrado’ se traslada al campo para ver cómo funciona la vendimia en Olivares de Duero porque tiene dudas de la productividad del personal de campo y quiere comprobar si los altos costes que tiene Matarromera se justifican para tener una uva de calidad. En la vendimia de Toro conoce a Fabiola, su capataz, quien le enseña a vendimiar. «Vamos, Álvaro, tienes que ir un poco más deprisa que estás retrasando a la cuadrilla».

Durante su segundo día Julio ejerce de bodeguero, que son aquellos que se encargan de prensar las uvas y de mantener en perfecto estado todos los depósitos bajo un estricto protocolo de seguridad. Sin embargo, trabajando con Raúl, Julio se da cuenta de que se salta los protocolos de seguridad, y el motivo por el que trabaja así es porque él sólo lleva el peso de la bodega a sus espaldas y necesita ir más rápido. «Vamos muy, muy, muy lentos. Más rápido porque sino no hacemos nada. Álvaro es más estorbo que ayuda. No se esfuerza nada, carga la pala a medias, suda a la mínima… Nada. Nulo, nulo, me está entorpeciendo todo».

El tercer día de Julio como ‘jefe infiltrado’ es en la embotelladora de ‘Matarromera’. Su coartada es la de un hombre acostumbrado a la ciudad que se ofrece como conejillo de indias para ver cómo se desarrolla en un trabajo de campo. Pero el verdadero fenómeno a descubrir es Alejandro, el encargado de la embotelladora, quien se queja de que su trabajo es siempre lo mismo, y cuya implicación deja mucho que desear.

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